Cultural Tourism

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La ciudad es un mundo de contrastes. Un paseo por sus calles descubre la combinación de edificios nobles, testimonio de un pasado de esplendor, con los elementos propios de una ciudad joven y dinámica. Esta riqueza cultural está al alcance de todos gracias a una red de museos cuyos contenidos son de indudable atractivo para el visitante. 

El legado histórico de Elche y su localización geográfica han marcado el territorio, las costumbres y la cultura del pueblo ilicitano, que ha visto pasar por él varias civilizaciones, testimonio que se constata en el parque arqueológico y yacimiento de la Alcúdia, la antigua población que se sitúa a 2 kilómetros al sur de la actual ciudad. Desde los restos de la cultura neolítica, hacia 5.000 a.n.e. se constata la vida de grupos humanos en nuestras tierras. Los períodos ibero y romano son los de máximo esplendor en la antigua ciudad, con grandes edificios, templos y profusión de esculturas, como la Dama de Elche. La ciudad parece haber sido un foco cultural y religioso del territorio que lo circunda, que recibía a su vez la influencia del mediterráneo desde el puerto cercano.

Con el devenir de los siglos, Elche entra en un período de dominación de la población hispano-romana por parte de la cultura visigoda, y adquiere relevancia, llegando a tener obispado propio, con prelados que participan en varios concilios y una basílica de relieve, los restos de la cual se pueden visitar en la Alcudia.

Entre los siglos IX y X, los árabes fundan una nueva villa, Ils, al norte de la anterior, junto al cauce del río, dentro de un recinto amurallado. La actividad comercial y económica vive una etapa de esplendor gracias al desarrollo de la agricultura. Muestra de este bienestar son los baños árabes del siglo XII, que se pueden visitar en el centro de la ciudad.

El legado cultural árabe salta a la vista apenas el viajero se aproxima a la ciudad, el grandioso palmeral es el símbolo inequívoco de la ciudad, que ha sabido luchar por conseguir sacar partido a la tierra entre el sol inagotable y la escasez hídrica. El uso del agua, su distribución y aprovechamiento ha sido una constante en el paisaje ilicitano, que sigue empleando una red de acequias, partidores, ramales o saltos de agua que datan de la época árabe. El Museo del Palmeral dará al visitante la oportunidad de conocer un huerto de palmeras con su sistema de regadío, cultivos típicos y la artesanía tradicional de la palma blanca. El Museo de Puçol recoge la memoria de los habitantes del campo y de la ciudad, a través de muestras de oficios tradicionales, del trabajo en el campo, de las costumbres y tradiciones que han dado forma a la vida y el devenir de las pedanías del campo de Elche y de la propia ciudad.