Elche 24 horas

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El despertar

"Mi primer contacto con Elche fue un amanecer en el que desperté en la magia de su palmeral. Fue como entrar en uno de los jardines de Las mil y una noches. La ciudad dormía y el silencio era su aliento".

Miguel Bosé

 

08.00

Un buen desayuno para empezar

Un sitio ideal para iniciar el día es el corazón urbano de la ciudad. Tanto en los alrededores de la basílica de Santa María como en el camino hacia la Glorieta y en la propia y popular plaza, hay cafeterías cuyas terrazas funcionan todo el año y heladerías tradicionales donde la horchata y los granizados de cebada o limón se ofrecen como refrescante alternativa al café con tostadas.

09.00

En la quietud del Parque Municipal

Tras el desayuno, aguardan la quietud y el exotismo del Parque Municipal, nuestro primer encuentro con el palmeral. Absolutamente recomendable pasar primero por la oficina de Tourist Info, en uno de sus accesos: tienen planos, folletos, propuestas y, especialmente, amabilidad y acogida. Cualquier duda será resuelta.

Para llegar a la entrada principal, hacia el norte, recorremos el Paseo de la Estación, remodelado en 2011. Su nombre recuerda que en tiempos culminaba en un entrañable edificio ferroviario. Nos acompañan en este corto trayecto las esculturas al aire libre de Pablo Serrano, Ernesto Knörr, Díaz Azorín, José Luis Sánchez, Gabino Úbeda y el ilicitano Sixto Marco, en el llamado Espai d'Art.

 

Una vez dentro del parque, lo primero que se encuentra el visitante es un evocador templete de música, donde celebra conciertos la banda de música y, junto a él, la torre cilíndrica del palomar. Dar de comer a las palomas es una actividad de la que disfrutan especialmente los niños.

Si ves palmeras con nombre, no te sorprendas: es una manera de homenajear a personalidades locales, nacionales y extranjeras y también a colectivos. Y si ves un edificio blanco, de forma redondeada, no falla: es el Huevo, levantado en 1946 y actual Centro de Visitantes. La Rotonda, junto al restaurante, es un magnífico recinto al aire libre, donde se celebran actos culturales y sociales.

En este paraíso natural hay también patos y cisnes, en estanques que se proveen del agua de la acequia Mayor del Pantano, que atraviesa el parque descubierta de norte a sur. El Molí del Real, molino harinero del siglo XVIII de probable origen musulmán, como la propia acequia, fue reconstruido en los años ochenta del pasado siglo. Sus contrafuertes y arcos de medio punto, asomados al cauce del río, constituyen una de las vistas más bellas de la ciudad, desde el contiguo puente del Ferrocarril. Hacia la ladera del Vinalopó se desparrama también el palmeral del Hort de Baix, la última adición al Parque Municipal en la década de los sesenta, con una sala de fiestas al aire libre.

Tourist Info. Plaça del Parc, 3. 966 65 81 96. ABRIL A OCTUBRE: De lunes a viernes, de 09.00 a 19.00; sábados, de 10.00 a 19.00; domingos y festivos, de 10.00 a 14.00. NOVIEMBRE A MARZO: De lunes a viernes, de 09.00 a 18.00; sábados, de 10.00 a 18.00; domingos y festivos, de 10.00 a 14.00. 

Parque Municipal. De noviembre a marzo, de 07.00 a 21.00; abril a octubre, de 07.00 a 23.00; agosto, de 07.00 a 24.00. Entrada libre.  

10.00

MAHE y palacio de Altamira

El museo Arqueológico y de Historia de Elche (MAHE) lleva el nombre de Alejandro Ramos Folqués, arqueólogo e hijo ilustre de la ciudad. Tras su ampliación, en 2005, ocupa dos espacios contiguos e intercomunicados. Desde la entrada principal se accede a la primera sección, situada bajo la plaza Diagonal del Palau, en la que se muestran piezas desde el Neolítico (5000 a. C., aproximadamente) hasta el periodo visigodo, pasando por las épocas ibera y romana. El museo está lleno de paneles, audiovisuales y elementos interactivos, como pantallas táctiles, que hacen mucho más didáctica y amena la visita. Si miras hacia afuera verás los restos de la muralla que envolvía la villa medieval y de una de sus torres.

 

Hay que salir a la plaza para acceder al segundo espacio del MAHE, el alcázar de la Señoría, o palacio de Altamira, como popularmente es conocida esta fortaleza almohade del siglo XI. De forma trapezoidal, fue transformada en los siglos XV, XVI y, finalmente, en el XVIII, incorporando a su fachada sur la residencia del conde de Altamira, que le da nombre. El castillo y los restos más antiguos descubiertos durante su restauración se integran como unos elementos más del museo. En sus salas se pueden ver piezas desde la fundación de la ciudad por los árabes en su actual emplazamiento (siglos IX y X) hasta el siglo XX. La gran torre del Homenaje fue el hogar de la Dama de Elche durante su estancia en la ciudad que la vio nacer, en 2006. El patio de Armas es a menudo escenario de conciertos y espectáculos teatrales.

MAHE. Diagonal del Palau, 7. 966 65 82 05. Lunes a sábados: 10.00 a 18.00; domingos y festivos, 10.00 a 15.00. Entrada general, 3 €; estudiantes y grupos, 1 €; Carnet Jove, jubilados y familias numerosas, 1,50 €. Entrada libre: domingos, niños menores de 6 años y personas con movilidad reducida.

12.00

Santa María, la casa de la Mare de Déu y del Misteri.

Las dos cúpulas azules de la basílica de Santa María y su torre campanario, de 40 metros, constituyen la imagen más identificable del perfil urbano. Santa María se levanta, majestuosa, frente al palacio de Altamira, en el mismo lugar que antes ocupara la mezquita principal. El rey Jaime I, en 1265, recién conquistada la ciudad, consagró el recinto musulmán a la Virgen María "en su Asunción al cielo"; derribada la mezquita en 1334, aún hubo dos iglesias más antes de la actual basílica.

Probablemente fue en la primera, de estilo gótico, que perduró hasta 1492, donde se iniciaron las representaciones del Misteri, o Festa d'Elx, drama religioso totalmente cantado que relata la dormición y asunción a los cielos de la patrona, la Virgen de la Asunción, la Mare de Déu para los ilicitanos. Declarado en 2001 por la Unesco Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, deslumbra a quien lo contempla con sus aparatos que descienden desde un falso cielo instalado en la alta cúpula. La necesidad de albergarlos condicionó el diseño de los dos posteriores templos: el renacentista, acabado en 1566 y el actual, mayoritariamente barroco, bendecido en 1784.

 

La bellísima portada principal, una de las mejores del barroco valenciano, es obra de  Nicolás de Bussi, escultor nacido en Estrasburgo (Francia) y autor también de la puerta de San Sebastián. Este acceso -uno de los siete que tiene el templo- se halla a los pies de la torre campanario, con una angosta escalera que lleva a los miradores instalados a distintas alturas: hay 170 escalones hasta el superior, desde donde cada 13 de agosto, a medianoche, se dispara la palmera de la Virgen, que pone el broche a la Nit de l'Albà.

El imponente órgano de Santa María fue construido en 2005, recuperando el diseño del instrumento barroco existente hasta la guerra civil, cuando la iglesia fue saqueada y utilizada como garaje. A espaldas del altar Mayor se localiza la neoclásica capilla de la Comunión, último añadido del templo. Junto a ella, con acceso desde el exterior, está el museo de la Virgen de la Asunción.

Santa María. Plaza de Santa María. 965 45 15 40. De 07.00 a 13.00 y de 17.30 a 21.00. Entrada libre.

Mirador de la torre. 615 33 78 21. De 11.00 a 14.00 y de 15.30 a 17.00 (de junio a septiembre de 11.00 a 19.00). Entrada general, 2 €; niños y grupos, 1 €.

Museo de la Virgen. Plaza de Santa Isabel, 6. 965 45 56 61. De martes a sábados, de 10.00 a 14.00 y de 15.00 a 18.00; domingos y festivos, de 10.00 a 14.00. Entrada general, 2 €; niños, 1 €.

12.30

Aguas rituales: los Baños Árabes

Muy cerca de Santa María aguarda, en esta intensa mañana, otra sorpresa: los Baños Árabes, construidos hacia 1150 y el secreto mejor guardado del patrimonio local. Ubicados en el sótano de lo que fuera convento de monjas clarisas de la Merced (en proceso de rehabilitación para su apertura), muy poca gente en Elche conocía su existencia. Desde el siglo XIII sufrieron varias transformaciones, hasta quedar convertidos en cuarto trastero y almacén del edificio conventual. En 1998 se rehabilitaron y abrieron a las visitas. Estos baños, conservados casi en su totalidad, son uno de los escasos ejemplos de arquitectura pública islámica que perviven en la Comunidad Valenciana.

Eran los hammâm más próximos a la mezquita y a la principal puerta de la ciudad, la Lucentina. Los viajeros que llegaban podían bañarse aquí antes de rezar y de acceder al recinto amurallado. El acceso se realiza a través del paseo de Eres de Santa Llúcia. Están distribuidos en tres salas (fría, templada y caliente) paralelas, cubiertas por bóvedas de cañón con lucernarios. Durante el recorrido, una voz en off explica los distintos usos de los espacios, mientras luces y sonidos recrean el ambiente de los baños originales.

Baños Árabes. 965 45 28 87. De martes a sábados, de 10.00 a 14.00 y de 15.00 a 18.00; domingos y festivos, de 10.00 a 14.00. Entrada general, 1 €; estudiantes, grupos, mayores de 65 años, familias numerosas y Carnet Jove, 0,50 €; niños menores de 6 años y discapacitados, gratis. Domingos, entrada libre.

13.00

La Calahorra reconquistada

Este cogollo monumental ilicitano se complementa con la Calahorra, la torre principal de la antigua muralla medieval, erigida a finales del siglo XII o principios del XIII. Junto a otra atalaya más pequeña, situada enfrente y hoy desaparecida, custodiaba la puerta más importante de la villa murada, la Lucentina, que encaraba el camino de Alicante. En los siglos XV y XVI se le adosó, extramuros, una casa señorial, con dos plantas y un sótano, que ocupó el almudín (almacén de grano) de la época.

Es una construcción prismática de planta rectangular, que se ensancha en la base por motivos de estabilidad. Mide 15 metros de altura, pero en su origen debió sobrepasar los 25. El deterioro y el terremoto de 1829 causaron graves desperfectos en los dos cuerpos superiores, que tuvieron que derribarse. Las numerosas reformas realizadas por los señores de Elche modificaron por completo su estructura. Tanto las ventanas de estilo neoárabe de poniente como el remate almenado de ladrillo son del siglo XIX.

 

Algunas de sus estancias lucen frescos de principios del siglo XX, con panorámicas de la ciudad. Destaca, en la planta baja, la sala con decoración egipcia y motivos masones, lugar de reunión de la logia fundada en Elche en 1858. Adquirida por la Generalitat a finales de los noventa, su uso está cedido al Ayuntamiento, que la ha rehabilitado y abierto al público por primera vez en su larga historia. Alberga exposiciones y actos culturales.

Torre de la Calahorra. Uberna, 14. 965 423 111. De martes a sábados, de 10.00 a 14.00 y de 15.00 a 18.00; domingos y festivos, de 10.00 a 14.00. Entrada general, 2 €; estudiantes, grupos, mayores de 65 años, familias numerosas y Carnet Jove, 1 €; niños menores de 6 años y discapacitados, gratis. Domingos, entrada libre.

13.30

Un alto para reponer fuerzas

A la hora de la comida, la zona centro de la ciudad ofrece numerosas opciones. En los restaurantes, platos tradicionales como arroces o cocido con pelotas y menús del día a precios asequibles. Las calles Empedrat, junto a la Glorieta y Carmen, frente al Ayuntamiento, están pobladas de bares cuyas tapas son una excelente y rápida posibilidad.

15.30

Huerto del Cura, joya del palmeral.

El Huerto del Cura es, sin duda, el mejor embajador del palmeral ilicitano. Esta finca privada de 12.000 metros cuadrados y su joya más preciada, la palmera Imperial, aparecen citadas en guías turísticas extranjeras de principios del siglo XX. En 1894, la emperatriz del imperio austro-húngaro, Elisabeth de Wittelsbach, la popular Sissí, quedó maravillada por el raro fenómeno botánico que ofrecía la palmácea, con sus siete hijuelos creciendo simétricos desde el tronco madre. El capellán Castaño, de quien tomó el huerto su nombre, la bautizó en honor a tan regia visitante. En la actualidad, con cerca de 160 años de edad, sigue conservando su majestuosidad y elegancia.

Declarado jardín artístico nacional en 1943, sus actuales propietarios, la familia Orts, no han dejado de incorporar atractivos a este exuberante rincón natural. El recorrido está salpicado de recoletos estanques y especies botánicas de los cinco continentes, entre ellas una amplia colección de palmáceas y una espectacular rocalla con más de un centenar de variedades de cactus. También hay diversas esculturas -una móvil, de Eusebio Sempere- y 55 palmeras dedicadas a personalidades que han visitado el huerto desde 1900, cuyas dedicatorias y firmas se conservan en 24 tomos.

A los pies de la palmera Imperial se realizan durante el verano conciertos bajo el título Músicos en el paraíso. Junto a la entrada hay un puesto de venta de dátiles y artículos de artesanía.

Huerto del Cura. Porta de la Morera, 49. 965 45 19 36. Consultar horario (depende de la época del año). Entrada general, 5€; ilicitanos, 2,50€; estudiantes y jubilados, 3€; niños, 2,50€; grupos, 2,80€; grupos niños, 1,80€. Bus, línea E.

16.30

Museo del Palmeral-Huerto de San Plácido. Paseo por un huerto tradicional

Si durante tu deambular por esta ciudad entre palmeras te ha surgido alguna duda, en el museo del Palmeral encontrarás todas las respuestas. Los vídeos, paneles, elementos expositivos, pantallas táctiles y sonidos envolventes del museo, en una casa tradicional del huerto de San Plácido (muy cerca del Huerto del Cura), desvelan los orígenes, historia, desarrollo y cultura del palmeral ilicitano. Conociéndolo, además de disfrutándolo, entenderás fácilmente por qué la Unesco lo declaró en 2000 Patrimonio de la Humanidad.

Después, nada mejor que un recorrido por el huerto exterior, con la posibilidad de contemplar el trabajo de un palmerero (de martes a viernes por la mañana, previa solicitud) y el trenzado de la palma blanca, en el taller anexo al museo, donde el Ayuntamiento forma a nuevos artesanos en esta tradicional labor.

Museo del Palmeral. Porta de la Morera, 12. 965 42 22 40. De martes a sábado, 10.00 a 14.00 y 15.00 a 18.00; domingos y festivos, 10.00 a 14.00. Entrada general, 1€; estudiantes, grupos, Carnet Jove, jubilados y familias numerosas: 0,50€. Entrada libre: domingos, niños menores de 6 años y personas con movilidad reducida. Bus: Línea E.

17.30

La Alcudia, el hogar de la Dama

Y llegamos al lugar de nacimiento de nuestra querida Dama. A dos kilómetros de la ciudad, por la carretera de Dolores, la loma de La Alcudia, de 10 hectáreas, fue el primitivo emplazamiento de Elche desde el Neolítico (5000 a.C.) hasta el siglo X. Los movimientos de tierras, hallazgos fortuitos y campañas de excavaciones han ido sacando a la luz desde hace más de seis siglos parte de sus innumerables tesoros; muchos, tal vez la mayoría, siguen todavía ocultos en el subsuelo.

Aquí se encontró, en 1897, la muestra más representativa de la civilización íbera y una de las esculturas más famosas del mundo, la Dama de Elche. Pocos días después de salir a la luz, este enigmático busto policromado, tallado en piedra arenisca entre los siglos V y IV a.C., fue vendido al museo del Louvre; actualmente constituye la pieza estrella del museo Arqueológico Nacional, en Madrid.

En La Alcudia, propiedad de la Universidad de Alicante y gestionada por una fundación, se pueden ver excavaciones al aire libre, con relevantes restos de las antiguas urbes íberas y romanas, así como de la basílica visigoda. No te pierdas el audiovisual del centro de interpretación, fundamental para entender el valor de algunos de los hallazgos más emblemáticos del yacimiento, exhibidos en La Alcudia. También puedes disfrutar de audioguías (en varios soportes), visitas guiadas y teatralizadas y recorridos en bici o a caballo, entre otros.

Parque Arqueológico y museo de La Alcudia. Carretera de Dolores, km. 2. 966 61 15 06. De martes a sábado, de 10.00 a 20.00; sábados de octubre a marzo, de 10.00 a 17.00. Domingos y festivos, de 10.00 a 15,00. Entrada general, 5€; estudiantes, desempleados y profesores (acreditado), 2€; niños menores de 6 años, gratis.

19.00

Por el corazón urbano

La inmersión en el pasado nos devuelve al presente más actual, con un paseo vespertino por el centro urbano -peatonal en su mayor parte-, que puedes compaginar con las compras en los numerosos establecimientos que llenan calles y plazas como Corredora, Hospital, Troneta, Glorieta, Trinquet, Ample, Fregassa, Bisbe Tormo, Salvador y Almórida, entre otras. También hay tiempo para degustar un helado o un aperitivo antes de la cena en alguna de las numerosas terrazas que animan la zona, incluso en pleno invierno.

Empecemos por la Plaça de Baix, presidida por el Ayuntamiento, con su gran torre del Consell central (siglo XV), levantada sobre la muralla medieval y con una de sus puertas, la de Guardamar, convertida en una lonja gótica. Si escuchas dar las horas o, más levemente, los cuartos, mira hacia el ángulo noreste de la plaza: allí, en la torre de la Vetlla, que formaba también parte de la antigua muralla, dos populares autómatas, Calendura y Calendureta, golpean las campanas del reloj instalado en 1572.

En la Corredora hay varios edificios de interés de las primeras décadas del siglo XX; se cierra con la casa palacio del marino y matemático ilustrado Jorge Juan Santacilia, barroca del siglo XVII, hoy muy transformado y de propiedad privada. A mitad de camino, la Glorieta, verdadero corazón popular y urbano, con parterres de flores y arbolado, bancos de azulejería valenciana, fuente coronada por un angelito del Misteri y concurridas terrazas y comercios.

22.00

Una cena reparadora

El centro urbano vuelve a ser, de nuevo, la mejor opción para el reposo de la cena. Sin olvidar que a tan sólo dos kilómetros, en la pedanía de Perleta, está La Finca, con una estrella Michelin y platos comprometidos con los productos de la tierra pero, a la vez, vanguardistas y creativos.

23.30

Tiempo para la diversión

Pero el día no acaba aquí. Tras la cena, una vuelta por Primera Planta, en la Glorieta, es una de las discotecas más populares, mientras que en el cercano paseo de Eres de Santa Llúcia, frente a los Baños Árabes, está D10, otro local de baile muy frecuentado. Allí mismo, el pub irlandés Flaherty's ofrece una alternativa más relajada y en la vecina calle Pere Ibarra otro clásico, Súquer, para quienes prefieren un ambiente más juvenil. En las terrazas de la plaza del Congreso Eucarístico se puede tomar una copa, un cóctel o una infusión contemplando la silueta nocturna de la basílica de Santa María.