El Palmeral

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"Nos acercábamos a Elche, ya se distinguía su valle rebosante de frutos y su inmenso palmeral, el mayor  y más hermoso de Europa, el más paradisíaco de toda España".
Viaje por España

Hans Christian Andersen (1862)

Vivir entre palmeras no es, en Elche, un sueño imposible. Desde el nacimiento en un centro hospitalario hasta el último adiós en un monumental y lleno de flores cementerio Viejo, los ilicitanos trabajan, estudian, hacen deporte, sueñan, descansan, se enamoran, pasean, se divierten, disfrutan del arte... viven, en definitiva, envueltos por las cimbreantes ramas de las palmeras.

No se entiende la ciudad, ni se entenderían a sí mismos sus ciudadanos, sin un palmeral histórico que configura un paisaje urbano único desde hace más de mil años, declarado en 2000 Patrimonio de la Humanidad.

Más de 200.000 palmeras
Con más de 200.000 ejemplares y unos 50.000 en los viveros municipales dispuestos a ser plantados, el palmeral ilicitano es el mayor de Europa. Aunque contemplado desde cierta distancia puede parecer un bosque, en realidad es una plantación realizada con fines agrarios, de ahí que a las parcelas o a sus agrupaciones se les denomine huertos. Cada una de las parcelas está flanqueada por alineaciones de palmeras, de tal forma que, vistas desde el aire, forman cuadrículas. Los bancales creados en su interior se han dedicado tradicionalmente a cultivos agrícolas.

 

Aunque se ha constatado la existencia de palmeras en todo el sur europeo desde antes de la presencia humana, el descenso de las temperaturas y las glaciaciones acabaron con la mayor parte, a excepción de algunas zonas más cálidas protegidas de las corrientes frías, como Elche. La profusión de dibujos de palmas y palmeras en cerámicas iberas de La Alcudia (siglo III al I a.C.) demuestra la relevancia de las datileras ya en aquella época.

Fundación árabe

La expansión del palmeral se produjo a raíz de la fundación por los árabes de la nueva ciudad en su emplazamiento actual (siglos VIII y IX), estableciéndose una extensa red de riego que en su mayoría persiste hasta hoy. La pervivencia durante siglos de este sistema de agricultura de oasis fue uno de los aspectos que valoró la declaración de la Unesco.

Actualmente, el palmeral tiene una función más paisajística y cultural que agrícola. Esta última vertiente se centra en la producción de palma blanca para el Domingo de Ramos, que se envía a toda España e incluso al extranjero, y en reducidas cosechas de dátiles para el mercado local. También se han comenzado a obtener variedades de calidad comercial de palmeras reproducidas en laboratorio.